Rodar sin guion, rodar con una idea

DONDE y PORQUE

Rodar una película sin un guión preciso es un gran riesgo, sobre todo si se apuesta un gran presupuesto. Pero rodarla sin guión, con un presupuesto humilde, arriesgando poco, también tiene sus compensaciones. En este caso el premio fue conseguir una película en la que la dirección de actores, tan naturales al fin, consistió en hacerles olvidar cámaras, micrófonos y focos, para ser como son y hablar como hablan siempre. Cámaras domésticas pequeñas, micrófonos no invasivos, focos improvisados con leds sobre bandejas de supermercado y una batería de Toyota. Ante tan modesto y pequeño equipo, todo el protagonismo quedaba en manos de los poetas/actores, interpretándose a sí mismos,frente a los imponentes paisajes de la región de Tiris y el valle de Leyuad.

Llegada a Leyuad
Los galp (corazones) de Leyuad, entre dunas y alguna talja.

Nuestro productor, Nico Calvo, dice a menudo que según un amigo suyo, físico teórico, el caos no es sino un orden que aún no ha sido descubierto. Pero para descubrirlo hace falta un equipo con especialistas dispuestos a intercambiar papeles, a pensar mucho más en el “nosotros” que en el simple yo. Y así, incluso la que acudía como directora de fotografía, Inés G. Aparicio, se convirtió en codirectora de la película en la sala de montaje, integrando así con Brahim Chagaf y Gonzalo Moure una “tridirección” tan poco frecuente. Porque el orden del caos se desenreda solamente a la hora de editar, examinando con lupa cada frame registrado y poniéndolo en el segundo exacto. 50 horas de tiempo bruto, para 74 minutos finales en los que todo fluye.

Todo podía haber sido un enorme fracaso… pero fue Leyuad. Un viaje al pozo de los versos, que es lo mismo que un viaje al fondo de la personalidad de un pueblo estoico ante el sufrimiento y la muerte, pero trémulamente sensible a la poesía.

Costura en el Galp de la cueva del diablo.
Galp donde se encuentra la cueva del diablo.
Ruta del viaje al rodaje en Leyuad
Ruta del viaje al rodaje en Leyuad