Cronica del estreno, por Fernando Llorente

LEYUAD, LA PELÍCULA

Tiris, es un espacio, al sur del Sahara Occidental, mágico, misterioso, místico, mítico, donde los duendes conviven con los ángeles, y su espíritu se hace arena y piedra y viento. Y verso; donde el viento vivifica la piedra y agita la arena; donde las montañas, aparentemente inmóviles, laten al ritmo de los corazones nómadas -una misma palabra nombra corazones y montañas, “galabba”. Tiris es la Meca de la espiritualidad saharaui, cuna de los “hombres de libro”, poetas y narradores, que transmiten sin escritura el alma de una cultura que hunde sus raíces en las entrañas de la tierra, de su tierra, donde los pozos ya no encuentran agua. En Tiris se erige un templo, Leyuad, la bóveda celeste por cúpula, custodia de la identidad cultural de un pueblo, que en cada jaima tiene una capilla, para la práctica de los familiares ritos que celebran costumbres y tradiciones milenarias.

Fernando Llorente con Pilar Rubio, Nicolas Calvo y Brahim Chagaf.

Y “Leyuad” es una película, comenzada a rodar, en la primavera de 2014, un mes antes de que yo viajara a ese lugar sagrado. Es la primera de nacionalidad saharaui, bajo patrocinio del Ministerio de Cultura de la RASD, presentada en el Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián, a cuyo estreno, en el Teatro Victoria Eugenia, asistí el pasado día 19. Con guión del escritor Gonzalo Moure -también la codirige con Brahim Chagaf e Inés G. Aparicio- y Limam Boicha, poeta saharaui que escribe en español, “Leyuad” cuenta el reencuentro de un joven saharaui con su identidad cultural, de la que se había físicamente distanciado, por razones de estudios, durante demasiado tiempo.

Belga y Bonnana
El poeta Bonanna Buseid y el filosofo Badi Mohamed Salem (Belga)

Retorna a sus orígenes a través del relato de un viaje a Tiris, narrado por el acompañante de dos venerables y venerados personajes, un filósofo, Salma Mohamed Brahim, “Belga”, y Bunenna Buseif, poeta, ambos orientados por la sabiduría del anciano Badi Mohamed Salem. Su palabra es depositaria y transmisora del espíritu que, desde Leyuad, informa la cultura saharaui. Así, el joven se reencuentra consigo mismo en la enseñanza de sus mayores, recorriendo un camino de arena, piedra y viento. Y de versos transido, y fertilizado por la música del mexicano Gabo Flores, pausada mixtura de sonidos árabes,, como pausado es el devenir de un lírico, a veces, otras épico, fervor poético, que mana de las fuentes hondas de Leyuad, que consagra una cultura indestructible, tanto que el camello se aviene con el Land Rover, y las susurradas narraciones orales se compadecen con la altisonancia de la TV, sin menoscabo de sus esencias culturales. El espíritu, que habita en Leyuad, las salvaguarda.

CINE. Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián
“Leyuad”, primera película de nacionalidad saharaui
Teatro Victoria Eugenia. 19 de abril de 2016.